"Entre fuego y conciencia"
23.02.2026

La mañana del 22 de febrero no fue una mañana cualquiera.
Una operación para capturar a Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, desató una reacción inmediata y brutal en distintos puntos del estado.
Lo que siguió fueron bloqueos, vehículos incendiados, negocios en llamas y una ciudad paralizada por el miedo.
Los llamados “narcobloqueos” no solo cerraron avenidas: cerraron conversaciones, cerraron negocios, cerraron el aire. Robaron autos, camiones, tráileres… y los convirtieron en mensajes en llamas. Porque eso eran: mensajes.
Y el mensaje llegó.
La gente estaba asustada. No sabíamos qué estaba pasando. La información corría más rápido que el fuego. En redes sociales aparecían videos, audios, fotografías. Algunos reales. Otros inventados. Algunos manipulados. Incluso imágenes generadas por inteligencia artificial que hacían más grande el caos.
En cuestión de minutos, el miedo se volvió colectivo...
Pero hoy no solo se trata de enumerar los hechos. Se trata de mirarnos y ponernos a pensar. El crimen organizado no se sostiene únicamente con armas. Se sostiene con narrativa. Con cultura. Con admiración.
Mientras haya personas que vean en el capo un modelo de éxito.
Mientras se aplauda al que presume armas y dinero fácil.
Mientras la violencia se convierta en estética, en música, en aspiración.
El problema no solo está en las personas que estan dentro. Está en la mentalidad y acciones de todos.
No se trata de criminalizar a una generación. Se trata de hablarles con honestidad:
la narcocultura no es rebeldía. Es una trampa. No es poder. Es un sistema que usa a los jóvenes como carne de cañón y los descarta cuando ya no sirven.
El fuego que vimos no es glamuroso. No es cinematográfico. Huele a miedo, a pérdidas, a negocios quebrados, a familias que no saben si volverán a casa.

A los jóvenes de Jalisco:
no romantizar la violencia también es un acto de resistencia.
Cuestionar lo que consumimos es una forma de valentía.
Decidir no admirar al que vive del miedo es una forma de fuerza.
Guadalajara no necesita más ídolos armados.
Necesita jóvenes críticos, incómodos, inteligentes.
Necesita talento que construya, no que destruya.
El crimen organizado quiere territorio.
Pero también quiere personas a las cuales influenciar. Quiere influir en lo que soñamos.
No le regalemos eso.
Entre fuego y cenizas, hay algo que no pudieron quemar: la posibilidad de elegir quiénes somos como sociedad.
Y esa decisión empieza en no escuchar su musica, no celebrar y no idolatrar a quienes quieren quebrantar nuestra esperanza y robar nuestro país.
Escrito por:
Carlos Romero
